domingo, 22 de julio de 2007

Por un Cambio de Conciencia

 
Texto de Ana M. Fernández Vuono
 
 
 
Cuenta la mitología que, en algún momento del tiempo, del cofre de Pandora escaparon todas las calamidades que aquejan a la humanidad: vejez, enfermedad, trabajo, vicio, demencia y pasión.

En la época actual, las calamidades originales han sufrido diversas variaciones, adquiriendo modalidades de expresión más sutiles, lo que las hace más difíciles de percibir y, una vez que han echado raíces, casi imposibles de eliminar. Por eso es necesario que estemos muy atentos. Si reconocen algunas señales en ustedes o en sus allegados, no las dejen pasar de largo. Es necesario que todos nos pongamos a trabajar, para no permitir que la humanidad sea asolada por este flagelo.

Un cambio de conciencia y una enorme voluntad de superación servirán para atenuarlas, hasta que puedan entrar en proceso de extinción.

He aquí una guía que puede facilitar la tarea de identificarlas:

La falta de sentido: Actúa mediante la desorientación, la confusión, la pérdida del rumbo. Quienes son víctimas de ella se consumen en la oscuridad y en el vacío.

La falta de fe: Nunca está sola. Siempre llega de la mano de otras calamidades de este listado. Se aloja en lo más profundo del corazón y lleva consigo aislamiento, desamparo, caos y desintegración.

La pena por los sueños destrozados: Siembra la desesperanza, la falta de confianza en las propias capacidades y la desilusión. Quebranta las voluntades más firmes, aniquilando los deseos de vivir mediante el escepticismo.

El exceso de fantasías: Se alimenta de imaginación. Revolotea sobre la cabeza de las personas y anida en su mente, desde donde las aguijonea con quimeras y castillos en el aire que jamás serán convertidos en proyectos o aspiraciones.

La negación del amor: Actúa mediante la frustración, el pesimismo y la melancolía, intentando inocular una intensa sensación de carencia y provocando la tristeza y el llanto. Condena a la ausencia perpetua de ternura.

Y, finalmente, la más negra y amarga de todas:

La pena del corazón cerrado: Lleva consigo al amor que no ama, al dolor que no duele, al placer que no deleita, a la rabia que no enfurece y a la fe que no cree.

Si nos hacemos cargo del compromiso que implica no permitir que nuestra alma sea capturada por estas calamidades, podremos convertirnos en seres luminosos capaces de vivir con sentido, fe, criterio de realidad (no exento de una dosis adecuada de fantasía creadora), y un corazón abierto al amor.

2 comentarios:

Jorge dijo...

hola oye y que puede uno hacer para poder evadir esto o mas bien eliminarlo ya que tu crees que estas dentro de esto tu que nos recomiendas????

Ana M. Fernandez Vuono dijo...

Jorge: no creo que sea cuestión de evadir o eliminar.
Más bien pienso que cada uno tendrá que ver cómo le resuena y en qué le toca lo que dice el texto, haciendo luego lo que sienta que es mejor.
Saludos
Ana